Para el 23 de abril

Para el 23 de abril

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Quarentena 1

 

Se sentó entre sus bártulos a la puerta del supermercado. El refugio no le deja quedarse más allá de

las ocho. No hay más tiempos. No hay lugar para sus cosas.

El quedate en tu casa no vale para ella, ella no tiene casa.

Vecinos y vecinas entran al establecimiento, en orden, apurados, en soledad. Cuando la miran lo hacen con recelo, eludirla es la estrategia. Ella les dice siempre lo mismo, con amabilidad o con resignación: “Buenos días, a la vuelta si te sobra una moneda te lo voy a agradecer”. En alguna oportunidad recibe una respuesta, corta, al paso rápido, sin cambiar el rumbo.

Se llama Soledad y tiene los ojos claros.

Siempre tomó malas decisiones. Ella es la responsable. Ella ha tomado todas la decisiones.

¿Ella ha tomado todas las decisiones?

 

 

Quarentena 2

 

Beatriz se levantó esta mañana con dificultad, su cadera la está matando. Prendió la radio. La cuarentena sigue como hace un mes.

Mira el reloj, las ocho y media.

Hay té y galletas.

El cansino día se va incorporando sobre sus hombros, sobre sus caderas sobre todo. El día le pesa, le pesa infinitamente. Su hija no la llama. Ya la llamará ella en la tarde. Juliana odia que la moleste si está trabajando; es médica en un CTI. Estos días solo puede ir y venir del trabajo a su casa ya que las niñas están sin escuela.

Beatriz alisa la colcha de su cama casi ordenada. Su cama ya es enorme, ella ocupa un rincón encogido y maltrecho a la izquierda, no del lado de la ventana, del lado de la cómoda.

El baño ya huele mal. Luego que el calmante haga lo suyo intentará solucionarlo. No importa. No vendrán visitas. En definitiva son los olores de su propia humanidad que todavía le regalan alertas de vida.

La mañana se instala victoriosa en la ventana semicerrada del comedor, en el domitorio de Beatriz sigue siendo la tarde. El columnista de canal diez, habla de los contagiados del Vilardebó. La anciana junta fuerzas y apoyándose en la cómoda emprende el viaje a la cocina.

 

 

Quarentena 3

 

Auscultó al paciente, más paciente imposible. Hizo un enorme esfuerzo por no quedarse dormida escuchando el rumor de la respiración y oliendo el perfume a naftalina que desprendía el pijama celeste. Hace dos días que no duerme, ha estado de guardia dos noches seguidas. En su hogar sus hijas la esperan a las 9 para desayunar con una agenda doméstica que incluye trabajos domiciliarios,

comida y juegos. Hasta la gracia del sexo no habilitado le ha sido prohibida, no tiene mucha idea sobre la vida de Javier, bueno para ser honesta tiene muy poca idea de la vida de su marido también.

Era evidente que ayer la casa tenía sus huellas en todas partes, las niñas le contaron la película de antenoche. Sabe que Sergio durmió en su cama; comió en su casa; y todo indica que la llamará antes de salir. Exactamente a las 8 30.

No ha podido detenerse a pensar en el mañana. No ha podido detenerse a pensar. No ha podido detenerse.

 

 

Quarentena 4

Maria se encuentra encerrada, hace un mes exactamente. El encierro no le molesta explícitamente, por el contrario, hay alivio en la ausencia de la desesperación cotidiana lo que amansa su encierro.

Hoy no corre, la orden fue “quedate en casa” y a ella le pareció divertido. Alguna mañana piensa que la muerte puede parecerse mucho a la cuarentena. Los días pasan iguales uno detrás de otros, ella lo compensa con un vino o con alguna comida. Pero el reloj se detuvo y ella sabe que, honestamente, fue lo que siempre deseó. No le molesta la incertidumbre, no le molesta la rutina, no le molesta el tener que limpiar sola los pisos y el baño. Podría hasta afirmar que no le molestan las noticias cada día más duras que el gobierno anuncia en la conferencia de prensa. Lo que verdaderamente le molesta es la incomodidad de todo el resto, el malestar general que reina en los otros integrantes, la falta de alegría de quienes no son capaces de entender que al fin la calesita demente de sus días le habían dado un descanso.

María es una mujer madura, hace unos años entró en el lugar de las mujeres invisibles, más allá de los cuarenta, ese lugar en el que no sos deseada por el sistema, ya no sos una promesa, tampoco una

realidad, empieza a estrecharse el lugar de los proyectos es tarde en casi todos los planos de la vida.

Quizá por eso, porque el esfuerzo por ser visible cada día es agotador, es que no le molesta meterse

en la cueva, no quiere salir, no quiere que termine la cuarentena, pasaría el resto de su vida mirando

por la ventana. Para María la cuarentena es parar para pararse.

 

Nohelia Millán

abril 2020