"Entretiempo" - Xoaquina Burgos, Florencia Pisano, Belén Rivas

"Entretiempo" - Xoaquina Burgos, Florencia Pisano, Belén Rivas

by Rivas Belén -
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Según comprendemos, cuando referimos al territorio, hablamos de aquella construcción a base de las relaciones de poder que delimitan un espacio físico. En él dialogan o se enfrentan diversas territorialidades, las que se construyen a base de lo vivencial, la afectividad. 

Estos conceptos se pueden ligar a las ideas planteadas por M. Augé y retomadas por J. García Molina acerca de la diferencia entre un espacio (no lugar) y un lugar. Un no lugar es la potencialidad pura de un lugar, consiste en un territorio de tránsito, allí no se alcanza a historizar, no genera memoria ni identificaciones. La comunicación es unidireccional y a los individuos que lo transitan se les dirige de forma prescriptiva, mediante prohibiciones o de modo informativo, aquí el discurso homogeneiza y como consecuencia la respuesta de los individuos es acomodativa. 

Por otro lado, en un lugar existen relaciones y significaciones entre los individuos, la comunicación se lleva a cabo entre subjetividades, no hay un efecto homogeneizante, por ende la respuesta de los sujetos es crítica. Las territorialidades consisten en lugares que historizan a los sujetos, generan experiencias en el encuentro con la alteridad. 

Como afirma E. Levin en el artículo “La comunidad infectada” la situación de pandemia en en la que nos encontramos potencia la vivencia de un entretiempo, un tiempo que ni siquiera es de tránsito, sino un tiempo muerto que inmoviliza a los seres humanos en la impotencia. En un tiempo donde predomina el distanciamiento físico transformado en un distanciamiento social, es necesario llamarlo como corresponde, ya que este tiende a generar una sensación de desconexión con el resto de la sociedad. Es fundamental mantener vivas nuestras redes afectivas y sostenerlas, más allá del distanciamiento físico impuesto, intentando generar espacios de contención y acompañamiento.

Pero a su vez, en un espacio factible de ser transformado en lugar. Como dice el autor, la reinvención de lo comunitario en gestos solidarios que resignifican el exceso de sentido paralizador. Lugares que perdieron tal cualidad como un teatro, se convierten es un lugar de encuentro con la alteridad mediante una olla popular. Un gimnasio de nacional se convierte en albergue para adultas mayores que duermen, comen y juegan en comunión. 

Se crean instrumentos poderosos que construyen lugares novedosos simbólicos en los modos de vinculación entre los/as uruguayos/as, como dos equipos de fútbol diciendo que todos/as estamos jugando con el mismo uniforme. Dos clubes deportivos que enraízan sus orígenes en barrios cuyos bagajes culturales, situación social, histórica, y económica, construyeron un fuerte antagonismo desde los comienzos. Antagonismo que es basamento de la identidad uruguaya y de múltiples tradiciones. A quién no le preguntaron desde muy pequeño: ¿sos de Peñarol o de Nacional?. Desde sus comienzos los/las simpatizantes de Peñarol fueron personas pertenecientes al sector obrero y clase baja, ya que su origen se remite al barrio Peñarol, donde en 1891 se impulsó la creación del club gracias a los obreros, mayor parte ingleses, del sector ferroviario. En cambio Nacional, se remite al barrio La Unión en 1898, siendo un cuadro de fútbol de clase media alta. Donde este fue impulsado por estudiantes para así consolidarse como el primer equipo criollo

Aquí se puede observar el anclaje simbólico que estos cuadros de fútbol tienen en su barrio de origen, como lo describen los autores del artículo “Del barrio a las territorialidades barriales.”, se reflejan en una micro-escala, componentes macro-estructurales. El barrio como emergente socio-histórico realiza un fuerte proceso de construcción identitaria a través de estos clubes. Es muy posible que allí se encuentra la principal causa del fuerte sentimiento de pertenencia que alimentan los cuadros de fútbol. Pero este origen ungido en la lucha de clases y en la construcción de una territorialidad por parte de los migrantes (trabajadores ferroviarios), se perdió. Devino un elemento constitutivo de la identidad uruguaya desligado de su originaria significación simbólica, es decir, muchos/as uruguayos desconocen el contexto de surgimiento de estos clubes. Proceso que responde a lógicas de poder neoliberales capitalistas, las cuadros de fútbol pasan a ser el “pan y circo” para entretener a las masas, se vuelven fuentes de lucro. Aún así se puede afirmar que esta rivalidad es una territorialidad inmiscuida en cada rincón del país, una territorialidad que tal vez se puede transformar a partir las acciones que están llevando a cabo. Al transmitir un mensaje tan poderoso como que a la hora de cuidarnos, las rivalidades no tienen cabida, se puede estar construyendo una nueva significación simbólica construida a partir de la pandemia. Una significación fundamentada en la solidaridad, en el cuidado del otro antes que sumergirse en el individualismo devastador. He aquí un instrumento factible de ser utilizado educativamente. Una herramienta, que a la hora de trabajar con los sujetos de la educación, puede ayudarnos a construir una nueva normalidad. 

Queda la casi imposible tarea de ponerse a pensar dentro de los infinitos posibles futuros que esta realidad distópica puede desencadenar, qué rol tendrá la Educación Social. Es una tarea casi imposible, porque las posibilidades de hacer predicciones acerca de qué se llegará a construir a partir de las múltiples deconstrucciones de la antigua cotidianeidad, son impensables. Es una tarea casi imposible porque hay lineamientos de trabajo que son plausibles de ser marcados de antemano y elementos constitutivos del rol mismo de los/as educadores sociales. 

Es nuestra responsabilidad continuar trabajando en pos de un realidad más justa. En la co-creación de un mundo en el que prime el encuentro con los/as otros/as, anulando lógica de mercado. Es esencial abocarse a la construcción de lazos cooperativos y solidarios que sean factibles de ser sostenidos más allá de una crisis, fortalecer las comunidades. Construir más lugares que combatan el ritmo ensordecedor del individualismo capitalista.

Los/as educadores sociales inmersos en un trabajo inter y transdisciplinario, cumplirán un rol fundamental a la hora de (re)construir una sociedad en que el distanciamiento físico no sea la única opción a la hora de combatir una pandemia. Una sociedad en que una pandemia no sea factible de ser utilizada como una cortina de humo para reprimir las iniciativas solidarias. Una sociedad saludable, ecológica, antiespecista y justa.